Ya hemos hablado en ocasiones de la importancia que tiene formular una propuesta de valor única y original, sin las limitaciones y la rigidez creativa que puede provocar la excesiva inclinación por conservar intacto el modelo de negocio. Durante un proceso estratégico, el modelo de negocio debe ser considerado una herramienta de trabajo y por tanto un tapiz flexible que queda debajo de la propuesta de valor. Por eso es un error drástico considerarlo intocable, porque en un contexto de evolución y cambio exponencial de la humanidad, lo intacto es sinónimo de obsolescencia estratégica y desinterés rotundo del mercado.

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