¿Quién demonios tiene tiempo para innovar?

¿Quién demonios tiene tiempo para innovar?

El gran reto de las empresas es siempre el mismo, ¿Cómo generar valor para sus clientes? Pero no uno genérico, sino diferenciado, atractivo, irresistible y sobre todo percibido.

El valor en los servicios y en los productos se supone, pero se tiene que demostrar. El usuario ha de percibir que es un valor irrenunciable y que vale la pena un esfuerzo por él.

En un mundo saturado de productos y servicios, donde el ciudadano se ha convertido en consumidor y diana de impactos mediáticos para influir en sus decisiones, el método para generar estos nuevos servicios y productos también ha de ser distinto.

Estamos hablando de millones de profesionales dedicados exclusivamente a cubrir las necesidades de posibles consumidores, millones de personas intentando descubrir los deseos de los usuarios y poderlos satisfacer. Millones de ingenieros pensando en posibles soluciones a esas necesidades, y todo en un mundo global que evoluciona a una velocidad de vértigo.

Los recursos para generar nuevos productos o para innovar son ingentes y van en aumento, por que la carrera no tiene fin y no hay descanso para las empresas. Han pasado de ser esas organizaciones verticales, focalizadas con una estrategia común a grupos de guerrilleros con objetivos concretos. Sin riesgo no hay gloria ni éxito. Todos somos “start ups”.

¿Y qué pueden aportar en este ámbito las consultoras estratégicas? Estas organizaciones son equipos de trabajo que generan ideas y diseñan soluciones para terceros, constantemente realizan proyectos y con retos estratégicos por delante. Es la disciplina de afrontar cada uno de los proyectos la que hace de estas organizaciones equipos innovadores, algo difícil de conseguir de manera interna debido al intenso día a día laboral.

La innovación no surge de la zona de confort, la complacencia ni de la organización nítida. La innovación está en la frontera, en la zona gris, en la zona de incertidumbre, en la necesidad en las crisis. No todos los profesionales saben o quieren trabajar en esta zona, donde no hay certezas, donde se cometen más errores que aciertos, por esto muchos autores hablan de la innovación como una actitud, una cualidad de determinadas personas en asumir riesgos. También de talento creativo, de cualidades intangibles que poseen determinadas personas, incluso se habla de visionarios o de la palabra de moda “emprendedores”.

Desde Tandem estamos convencidos que estas aptitudes se aprenden y que todo el mundo en las condiciones y estímulos apropiados es capaz de hacer surgir ideas, innovaciones y nuevas creaciones. Esta necesidad de ser innovadores constantes solamente tiene una solución, basada en el método y la disciplina. Sin estas dos características es imposible realizar 30 proyectos anuales.

Método: Proceso para generar ideas, para crear, para saber qué es lo que valoran los usuarios, para validar y sobre todo para involucrar a todos los actores.

Todos los métodos de desarrollo tienen unos procesos comunes, observar (recoger información), analizar (valorar esa información), proponer una solución (lanzar una hipótesis) y testar, para comprobar esa idea o solución. Una vez testada y comprobada la viabilidad, implementar la idea. Todos los procesos se basan en el método científico, las diferencias son las herramientas que usamos para realizar estos pasos. La diferencia está en la utilidad de las herramientas y en la exigencia en usarlas.

Disciplina: Es la exigencia necesaria para realizar todos los pasos del proceso del modo más eficaz.

La exigencia por cuestionar siempre todos los resultados, por sobrepasar los límites que nos auto-imponemos, por defender aquello que creemos. Hay muchos ámbitos donde es importante la disciplina. Para tener salud financiera y que esto no influya en el resultado de los proyectos, por ejemplo. Este es, seguramente, el mayor mal de una empresa de servicios, donde la credibilidad de tu trabajo está supeditada a la rentabilidad del proyecto. Otra actitud de disciplina es estar en contacto con el mercado. Tener la obligación de conocer a tus clientes, proveedores, competidores, la obligación de llamar a las instituciones, centros tecnológicos, la obligación de conocer a todo el mundo que pueda aportar valor a tus proyectos. Este es uno de los mayores retos para una empresa que quiera ser innovadora, abrirse al mundo para sumar conocimiento.

Autor: Josep Casadellà | Partner – Innovation & Design Manager